October 19, 2010

Discutir con familiares es una vaina…. No hay forma de salir bien de ese tipo de discusión, porque habiendo ganado, uno se siente perdido y habiendo perdido, uno se siente derrotado.

Y es que la sangre pesa, y “las manos blancas no ofenden” * Es mejor claudicar y dejar las cosas “asi”, aunque la razón y el intelecto le grite a todo pulmón, que continúe el pleito, que es bueno y al final alguien saldrá educado.

Pero hay gente que siempre lleva al plano personal las discusiones perdidas… o que no comprenden. Cuando esto ocurre, es mejor ignorar y seguir adelante. Pero de vez en cuando… solo por ocasiones especiales, se debe dispensar humildad y responder a quien no se lo merece. Algo asi como un ejercicio para el alma. Para bajarla (al alma) de la arrogancia y hacerle entender que es aquí donde vivimos y por ende, es aquí donde nos redimimos. Porque no nos queda más tiempo, porque después de la muerte… solo nos queda olvido.

Y para aquellos a quienes distingo y que me hacen afirmar mi rol de incomprendido, les he reproducido la poesía de Nicolás Guillen: No se por que piensas tú. Porque la misma es una explicación al que ha entendido mal, que por diferencias, cualesquiera que estas sean, al final la familia o la amistad verdaderas perduran.
     No sé por qué piensas tú, 
     soldado, que te odio yo, 
     si somos la misma cosa 
     yo, 
     tú.
     Tú eres pobre, lo soy yo; 
     soy de abajo, lo eres tú; 
     ¿de dónde has sacado tú, 
     soldado, que te odio yo?
     Me duele que a veces tú 
     te olvides de quién soy yo; 
     caramba, si yo soy tú, 
     lo mismo que tú eres yo.
     Pero no por eso yo 
     he de malquererte, tú; 
     si somos la misma cosa, 
     yo, 
     tú, 
     no sé por qué piensas tú, 
     soldado, que te odio yo.
     Ya nos veremos yo y tú, 
     juntos en la misma calle, 
     hombro con hombro, tú y yo, 
     sin odios ni yo ni tú, 
     pero sabiendo tú y yo, 
     a dónde vamos yo y tú 
     ¡no sé por qué piensas tú, 
     soldado, que te odio yo!
*La frase se dijo cuando la hermana de la reina de los Borbones, Doña Luisa Carlota, le arreó al señor Calomarde “la más sonora bofetada que según se ha dado”. El ministro contestó a este guantazo con la famosa frase: “Señora, manos blancas no ofenden”.

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