September 15, 2011

“Estoy de acuerdo en que tienes la absoluta certeza y convicción de tener la razón...” Se me dijo en un comentario de Facebook. Parece un halago pero en realidad no lo es. Si usted es una persona como yo, que analizo las cosas con el ojo de la razón. Cuando existe un fenómeno, la explicación que me satisface es aquella que está basada en evidencia científica que puedo revisar y analizar por mí mismo, para determinar que no se me está haciendo creer en algo no real o en una especulación.


Endilgarme absoluta certeza, es decir que estoy 100% seguro de mi entendimiento y aquel provisto por la ciencia de un fenómeno en específico. Decir que tengo convicción de tener razón, es lo mismo que decir que tengo fe. La fe es ciega. Es creer sin ver. Y yo no soy así.

Entonces el halago tenía un mensaje subliminal. La certeza absoluta no permite la duda. La ciencia nunca provee "absoluta certeza", solo explicación en base a la evidencia a mano. Mis convicciones son en base a la evidencia que tengo a mano. Si se me proveyera evidencia científica de lo contrario, Estoy seguro que cambiaría de parecer. Por lo tanto, nunca poseo certeza absoluta. Pero si puedo decir que con la evidencia que tengo a mano tal o cual explicación es la que mejor se acerca a explicar el fenómeno observado.

Esta humildad de certeza es utilizada a menudo por otros como prueba de no tener la razón. Y se inventan excusas basadas, aparentemente en ciencia, pero las cuales no son. Veamos:

Al leer un artículo mío, donde concluyo que es imposible crear terremotos de manera armamentista, ni mucho menos enfocarlos en un sitio especifico. Un lector me increpa el uso de la palabra “imposible” al mencionar que en base a las tres leyes de Arthur C. Clarke no estoy en lo correcto.

Estas son dichas leyes traducidas en buen español:
  1. Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, posiblemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.
  2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.
  3. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
También hizo alusión a una tal “filosofía” de Feynman, refiriéndose al genio de la física cuántica Richard Feynman (un héroe particular mío).

Arthur C. Clarke inició siendo un científico tecnologico al proponer el uso de satelites orbitales para propagar la comunicación, por lo cual ganó varios premios científicos. Pero su mayor fama vino por razones cuasi científicas, a través de la escritura de ciencia Ficción. La cual trató de ejercer apegándose a las “leyes de la ciencia”. Pero como saben, ciencia ficción es sobre algo que no existe o que no ha sido posible crear y no hay forma para la ciencia de proveer base para aquello que no ha sido estudiado.

Su tercera ley es la que más ha encontrado aceptación en la comunidad científica, puesto que presupone la humildad de la ciencia. Lo que consideramos magia hoy, tal vez sea ciencia mañana.

Escoger tal humildad para decir que algo existe hoy, cuando sabemos científicamente que no y justificar dicha imposibilidad con la segunda ley de Clarke de que “nada” es imposible o con la primera que aquel científico viejo está equivocado, es traer una conclusión literalmente por los moños.

Estas leyes son usualmente citadas por los seguidores de la Ciencia Ficción como si fueran un principio fundamental de la naturaleza. Cuando en realidad estas leyes dicen más de la psicología de los escritores y seguidores de la ciencia ficción, que lo que dicen de la ciencia.

Y les pondré un ejemplo: Para que la primera ley de Clarke pueda ser aplicable debe existir la condición “sine qua non” que el científico en cuestión sea un anciano. Los científicos ancianos casi nunca pegan una. Einstein pasó los últimos 40 años de su vida persiguiendo un imposible. Niels Bohr se pasó sus últimos días diciendo cosas verdaderamente locas o “goofy”.

Aunque hay científicos ancianos que tienen aciertos, no es una ley que todos están en lo cierto cuando son positivos o equivocados cuando son escépticos.

Estas leyes, al final, son solo el “quiero creer” de la serie televisiva Archivos X, nunca una realidad fundamental de la naturaleza del conocimiento y la ciencia.

La “filosofía” científica de Feynman se puede juntar con la Werner Heisenberg en que ambos son genios que trataron de entender el mundo desde un punto de vista cuántico. Un mundo donde nada es absoluto y donde las partículas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo y comportarse como partículas y como olas a la misma vez.

Los análisis de estos científicos no son “filosofía” son teorías que han sido probadas innumerablemente y en todas las pruebas hechas hasta hoy las mismas han pasado. El principio de la incerteza de Heisenberg y la suma de historias de Feynman, teorías que describen de manera probabilística el comportamiento del mundo cuántico no es sinónimo de imposibilidad de certeza absoluta. Dichas probabilidades son tan certeras que nos han permitido desarrollar nanotecnología, tomografía computarizada, láseres, computación cuántica, etcétera, etcétera, etcétera. O sea que aunque probabilísticas, esa teorías son palpables en los adelantos tecnológicos y científicos de hoy en día.

Lo que sí es una verdad como el sol que nos calienta, es que ni Clarke, ni Feynman, ni Heisenberg, apoyaron el concepto de no tener una respuesta exacta, como excusa para decir que una deidad sobrenatural es la causante de dicha incerteza o imposibilidad.

Si aplicar leyes a temas no relacionados es que vamos, podría decir que para refutar la primera ley de Clarke, puedo utilizar la contra respuesta de Isaac Asimov: "Sin embargo, Cuando, el público en general se junta alrededor de una idea que ha sido denunciada por científicos distinguidos y apoya (el público) aquella idea con gran fervor y emoción - los científicos distinguidos están entonces, después de todo, probablemente en lo correcto".

Y que les parece esta otra: En cualquier discusión donde este envuelto el ateísmo (escepticismo, etc.), la probabilidad que alguien comparará a un ateo como si fuera un fundamentalista religioso tiende a uno (se piensa que la persona que compara al ateo a un fundamentalista religioso ha perdido el argumento).

Y he ahí la ofensa. Halagarme como poseedor de fe es decirme fundamentalista de una supuesta religión llamada ateísmo (aunque, tal vez, esa no era la intención de mi lector).

Pero no importa lo que digan o hagan… Ciencia nunca será religión. Y toda vez que personas movidas por su afán en justificar lo sobrenatural, alguna religión o deidad cualquiera, usan conceptos científicos, serán enfrentados por aquellos que saben que ambas tenencias son incompatibles y por ende, la interpolación es errónea e indebida.

¿Porque?

Porque a la ciencia la mueve la razón.

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