August 23, 2010

monjitas Mi mamá me dice viejo, cada vez que quiere llamar mi atención.  Ironía de la vida, ella cumplió 80 años hace unos días.  Pero la palabra, me es curiosa por lo que pasó este fin de semana.  Mi Tío decidió agasajar a todas las monjitas que viven con su hermana (mi tía), la cual esta postrada al silencio y una silla de ruedas por el resto de sus días.
 
Se encontraba en aquel evento una “caterva” de viejitas, situación aquella, no de pena, sino de alegría.

¿Alegría porque? Porque debemos celebrar la vida cuando en un sitio se junta tanta vida vivida.
 
Todo el mundo se llenó de sentimiento de asistencia al querer todos empujar sillas de ruedas, dar el brazo de apoyo para subir escalones o empujoncitos para aupar el próximo peldaño. Fue digno de fotografías (y me dedique a tomar muchas).  Mi madre aunque no monja, también estaba allí.
 
La vejez señores, es una vaina.  Depender de otros, es denigrante, especialmente cuando se ha sido tan activo como la mayoría de estas “doñitas”.  Y digo esto, por mi madre quien fue profesora de escuelas públicas por 30 años, parió dos hijos y fue una mujer muy activa y autosuficiente. Se enojaba si alguen pensaba que no se valia por si misma. Y claro! no permitia que nadie se metiera con su vida. Su vejez, ahora es desalmada, le ha quitado lo que mas relucia: su memoria y por lo tanto le ha dejado sin poder valerse por si misma y dado que no lo permitió antes, ahora nadie quiere meterse en su vida.

En estos casos solo los hijos pueden ayudar, pero mi hermana vive en Estados Unidos con esposo e hijo de ese país, lo cual le hace muy difícil que regrese a vivir a este país nuestro y yo tengo familia y trabajo, lo cual hace muy difícil asistirle en tiempos de necesidad. Y llevármela a vivir conmigo, está fuera del panorama, pues crearía dos tragedias: la de mi familia y la de ella. Uno no resuelve un problema creando dos.
 
Siendo mi madre una persona difícil de tratar, pues su comportamiento es confuso de entender y duro de lidiar, me resulta doloroso saber, que no tiene, como mi tía monja, una red de personas que le cuidarán y le ofrecerán compañía.  Es por eso que su tragedia es doble: vieja y sin poder valerse por sí misma y sola, con muy pocos que le ofrezcan compañía.
 
Cuando se ha sido difícil, y la naturaleza le ha dado larga vida, es posible, que en los episodios de lucidez, esas personas se percaten que pudieron, tal vez, haber hecho las cosas de manera diferente y eso les hace sentir mal, llorar y sufrir mucho. Yo no quisiera llegar a viejo de esa forma. La vejez debería ser diferente.  Es por eso que ahora que estamos sanos y “jóvenes” debemos vivir la vida y tocar a los otros de una forma que quieran asistirnos en la vejez.  Así nos evitaremos estar en la situación de mi madre y producir la situación en la que me encuentro yo.
 
Porque, ¿y ahora?  Que se puede hacer para que mi madre y todos los dominicanos envejecientes puedan tener una red como las de esas monjitas?  Porque puede ser que a mí me pase lo mismo y como dije, no me quiero ver en esa situación (claro! he vivido de una forma que los otros, tal vez, quieran asistirme).

Que dios nos salve a todos! Pero como ven, el no ha hecho nada y entonces el problema es de los mortales. Y yo creo que debe ser el gobierno.  Es el que debe encargarse de los envejecientes y los de necesidades especiales.  Para eso pagamos impuestos. Para eso somos ciudadanos de un país.
 
Situaciones que hacen esto tres veces doloroso, para mí, porque es mi madre, porque es una vieja que sirvió bien a su pais,  y porque soy dominicano y el estado no me ayuda.

Si estas mujeres hubiesen sido mis esposas o sirvientas (que en este caso es lo mismo) y yo hubiese sido dios (ya saben: omnipresente y omnipotente), al final de su servicio les hubiera dado mucha salud, felicidad, amor de sus familiares y conciudadanos y para traerlas a mi reino, les daria por muerte una dormida placida y sin sufrimientos.

Creo que lo unico que recibirán es la muestra de gratitud que algunos, como mi tio, pueden dar de vez en cuando, porque para estas monjitas y mi madre, la celebración de vida, es hipotética, porque al ser esposas de otro “señor”, el cual tiene otra ajenda y un "plan" divino, a estas les espera un final diferente. Un final que despues de tanto servicio excelente, conlleva mucho sufrimiento y enfermedad, y claro! un premio:  larga vida (ironia y sarcasmo divino), porque con "algo" el señor debió de premiarlas, ¿no creen?

1 Comentarios:

  1. Apreciados lectores... Sé que les he dicho que pueden comentar lo que quieran en este, mi blog.

    Pero por esta ocasión, solo por esta ocasión! les pido no se refieran a mi situación con mi querida madre. Me temo que mis respuestas esten llenas de pasión y cuando incluyo eso en mis comentarios, digo cosas que tal vez en mi sano juicio no diria.

    Claro!, que seria interesante ver que harian ustedes en caso de ser dios. Esa respuesta si me interesa. :>)

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